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SÍNODO DE LOS JÓVENES

 

IVSemana

 

4ª SEMANA

“Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti”

Oramos con el salmo 137 (136), 1-6

1Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
2en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

3Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión».

4¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
5Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

6que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

 

      El texto recuerda la tragedia que vivió el pueblo judío durante la destrucción de Jerusalén, acaecida en el año 586 a. C., y el sucesivo y consiguiente destierro en Babilonia.

 

      El salmista habla en plural y en su composición se refleja el alma lacerada de los exilados en Babilonia, que sufren lejos de la patria. Cuando los opresores les pedían que cantaran canciones de Sión para divertirlos, suponía para ellos un martirio, pues los cantos de Sión eran cantos que recordaban las acciones liberadoras del Señor que habita en Sión. No acceden a cantar canciones de Sión, profesan su fidelidad incondicional y prefieren la mutilación a olvidarse de Jerusalén. El amor apasionado a Jerusalén y al Señor está por encima de todo.

 

      El Dios que nos presenta este salmo es el Dios de la Alianza, el Dios liberador, ligado a una tierra, a un pueblo, a una ciudad. Un Dios que está en contra de los imperialismos, de la explotación de la mano de obra, del desprecio de la religión y de las tradiciones de los demás.

 

      ¿En mis momentos difíciles sigo creyendo que Dios es mi libertador?. ¿A quién amo con todo mi ser aún a costa de mi integridad física?

 

      Lee pausadamente el salmo, deja que entre en ti cada expresión, pronúnciala y quédate en silencio, renueva tu fe en el Señor libertador, tu compromiso de “ser manifestación permanente” de su amor, en tus conversaciones, en tus acciones.

 

      Al rezar este Salmo nos unimos a todos los que aman a Dios por encima de todo, también a los que están viviendo momentos de oscuridad en su fe. Pedimos un mundo fraterno, sin explotación, sin dominios injustos, en el que exista solidaridad entre los pueblos.