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SÍNODO DE LOS JÓVENES

Cristoresucitado 3

 

“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.

Oramos con el salmo 118 (117), 2-4.16-18.22-24

1 Diga la casa de Israel:                                          

eterna es su misericordia.

2 Diga la casa de Aarón:                                          

eterna es su misericordia.

3 Digan los fieles del Señor:                                          

eterna es su misericordia.

                                              

16“la diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es excelsa”,                     

17 No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor.

18¡Me castigó, me castigó el Señor,

pero no me entregó a la muerte!                    

22La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

23Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

24Este es el día en que actúo el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.       

                     

El salmista está convencido que la misericordia del Señor es eterna e invita a la casa de Israel (el Pueblo), a la casa de Aarón (los sacerdotes y funcionarios del Templo) y a los fieles en general a dar gracias al Señor por ello. Los tres grupos invitados responden elogiando la mano del Señor poderosa y eterna.

 

El salmista que ha pasado por una situación difícil y que él interpreta como permitida por Dios para propiciar un encuentro entre ambos, sabe que nunca está solo, a merced de la tempestad desencadenada por los malvados. Acudió al Señor, y el Señor mostró su poder: “El Señor me castigó, pero no me entregó a la muerte”. Está convencido que Dios tiene siempre la última palabra; aunque permite la prueba de su fiel, no lo entrega a la muerte, por eso una vez superada la situación, expresa su convencimiento “no he de morir” y la razón de su existencia viviré para dar gracias al Señor”.

 

El salmo nos presenta un Dios que es amor, fidelidad, liberación, cercanía, un buscador incansable del ser humano, un Dios que desea cada día ser nuestra alegría y nuestro gozo.

 

Seguimos rezando este salmo a la luz de la Muerte y Resurrección de Jesús. Tratamos de encontrar motivos en nuestra vida, en la de nuestros amigos y familia, en la sociedad, para dar gracias a Dios por su amor sin límites, por su misericordia sin límites. Porque cada día el Señor se ofrece para ser “nuestra alegría y nuestro gozo”.