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LA BELLEZA DE HACER EL BIEN

 

22 de septiembre, en Almería

 

 

 

 

 

cirio

 

DOMINGO III DE PASCUA

“Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro”.

Oramos con el salmo 4, 2.4.7.9

2Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia;

tú que en el aprieto me diste anchura,

ten piedad de mí y escucha mi oración.

4Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,

y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

7Hay muchos que dicen:”¿Quién nos hará ver la dicha,

si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?

9En paz me acuesto y enseguida me duermo,

porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

 

Alguien puso al salmista en aprieto, y en ese momento de dificultad experimentó la liberación por parte de Dios. Esto lo lleva a suplicar a Dios reconociendo la intervención divina. Lo llama “Dios de mi justicia”. A su vez, es testigo del amor que Dios le tiene “Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor”, contándole a otros cómo el Señor ha estado de su parte y lo escucha cuando lo invoca “y el Señor me escuchará cuando lo invoque”.

 

Es un salmo de confianza y súplica: “en el aprieto me diste anchura”, “escúchame”,ten piedad de mí”.

 

Con la imagen del sueño describe el sosiego y la tranquilidad de una vida de relación con Dios.

 

El Dios que nos presenta el salmo es un Dios defensor del que está en aprietos, liberador, aliado del que sufre, hace maravillas en su favor, escucha cuando se le invoca, en él se puede confiar; Es el Dios fiel; junto a Él se vive tranquilo.

 

Lee pausadamente el salmo, deja que entre en ti cada expresión, pronúnciala y quédate en silencio, renueva tu confianza en el Señor que tantas veces te ha dado “anchura en el aprieto”, renueva tu compromiso de testificar en tus conversaciones y en tus acciones lo que el Señor ha hecho por ti.