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LA BELLEZA DE HACER EL BIEN

 

22 de septiembre, en Almería

 

 

 

 

 

pentecostés

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Salmo 104 (103),1.24.29-31.34

“Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”

 

 

1 Bendice, alma mía, al Señor:

¡Dios mío, qué grande eres!

24 Cuántas son tus obras, Señor;

la tierra está llena de tus criaturas.

29 les retiras el aliento, y expiran

y vuelven a ser polvo;

30 envías tu espíritu, y los creas,

y repueblas la faz de la tierra.

31 Gloria a Dios para siempre,

goce el Señor con sus obras;

34 que le sea agradable mi poema,

y yo me alegraré con el Señor.

 

Este salmo en su totalidad es un canto a la creación. Va mencionando todas las criaturas que aparecen en Gn 1. Nosotros nos vamos a ceñir a los versículos que aparecen aquí. (Hago una invitación a leer el capítulo primero del Génesis a la vez que el salmo completo, es una maravilla de poema).

 

El salmista contempla la creación, descubre en ella la acción divina y compone entonces un himno de alabanza al Dios creador elogiando la sabiduría con que ha hecho todas las cosas llenando la tierra con sus criaturas. El salmista se convierte en voz de la creación para alabar a Dios. Y lo alaba por sus obras, por sus criaturas, porque la vida de todos los vivientes depende de Él y gracias a Él la vida se renueva.

 

El Dios que nos presenta es creador y dador de vida “Envías tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”, merecedor de bendición. Bendice alma mía al Señor: ¡Dios mío que grande eres!.

 

Al rezar con este salmo, sintamos la invitación a respetar lo creado, a respetar, cuidar y amar a todas las criaturas. Renovemos nuestro compromiso con la vida.