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Ecología integral: desafíos personales, sociales y ambientales

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Tres elementos clave de la conversión ecológica

En primer lugar, no hay que dar por sentada ni automática la conversión ecológica a la que se nos invita. Sabemos bien que convertirse, en lenguaje bíblico, significa “cambiar de mirada”, “modificar la perspectiva” (metanoia), y esto no se alcanza, en la mayoría de los casos, sino que paulatinamente. Así, nuestra conversión ecológica debiera enfocarse en tres elementos clave.

Lo primero es aceptar, reconocer, y comprender la realidad de la crisis ecológica que vivimos y los desafíos ecológicos que implica. Se trata de asumir – a pesar de todos los escepticismos y negaciones de turno – que estamos inmersos en una crisis ecológica; una crisis de una manera de habitar el mundo, de un modo de pensar el lugar y el rol del ser humano en la creación, de ciertos valores y búsquedas que comandan nuestra vida cotidiana.

Lo segundo, es creer que yo personalmente puedo hacer algo para hacerle frente; que no se trata de algo que deba ser resuelto solamente por grandes instituciones, gobiernos, y ONGs. Yo puedo hacer algo, y tal como Francisco enfatiza con entusiasmo: ¡Es tanto lo que sí se puede hacer! (180). Hay que vencer lo que un filósofo francés llama “el orgullo metafísico”, es decir, por una parte, no le creemos a la información que ya tenemos – no le damos crédito – y, por otra, pensamos que la ciencia y la técnica van a encontrar alguna solución a cada uno de los problemas que nos asechan y, por lo tanto, no hay verdaderamente necesidad de preocuparnos.13 La conversión ecológica requiere creerle a lo que sabemos y creer que yo personalmente puedo hacer algo: transformar no solo mi manera de pensar, sino también mis actos cotidianos, para habitar el mundo de una nueva manera ecológicamente amigable.

Por último, ese algo que yo puedo hacer está ligado intrínsecamente a mi opción creyente. No se me invita a adherirme a una oferta más entre otras, a una causa sesgada que sería asunto solo de los “hippies modernos”, si no que se trata de un compromiso inherente a nuestra fe cristiana. Francisco, resalta en Laudato Si’ que la fe cristiana supone compromisos y deberes ecológicos que le son inherentes (64). Podemos hacer algo, y este algo está en el corazón de nuestra fe y, por lo tanto, también de nuestra espiritualidad.