enero26El amor de Dios reine en nuestros corazones

San Juan, evangelista, Madrid, 27 de diciembre 2025

Querida comunidad de DICOVAD:

En este último mes del año, 2025,  tiempo de Navidad, con los ecos del prólogo de San Juan, cuya fiesta litúrgica se celebra hoy, os invito a reflexionar lo que el Santo Padre León XIV estos días en las homilías, ángelus y catequesis nos ha ido ofreciendo y transmitiendo.

En la solemnidad del 25 de diciembre se proclamó el prólogo del evangelio de San Juan que sintetiza el gran misterio del Amor de Dios porque Dios es amor.

«El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). El Papa León XIV nos invita a contemplar este misterio de amor presente en nuestro mundo, a pesar, de toda la fragilidad que estamos viviendo.  He aquí algunas de sus palabras: « “Carne” es la desnudez radical de quien en Belén y en el Calvario carece también de palabra; como carecen de palabra tantos hermanos y hermanas despojados de su dignidad y reducidos al silencio. La carne humana requiere cuidado, solicita acogida y reconocimiento, busca manos capaces de ternura y mentes dispuestas a la atención, desea palabras buenas. (…) El Verbo ha establecido su tienda frágil entre nosotros. Cuando la fragilidad de los demás nos atraviesa el corazón, cuando el dolor ajeno hace añicos nuestras sólidas certezas, entonces ya comienza la paz. La paz de Dios nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sueños y visiones que, como profecías, invierten el curso de la historia».

En sintonía con la paz que el Papa León XIV ha invitado a construir desde el inicio de su pontificado está su mensaje para la LIX JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ que se celebrará el 1 de enero de 2026, si Dios quiere, titulado: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”»  vuelve a insistir en la responsabilidad que tenemos todos en la construcción de la paz.

Recordando que la paz proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente. La paz de Cristo resucitado que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos, Cristo es nuestra paz desarmada. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra», cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo porque la bondad como la paz es desarmante.

Que la paz sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5).

En la solemnidad de la Epifanía tendrá lugar el cierre del año jubilar. Os invito a pedir a los magos de Oriente este don de la paz como fruto de este año jubilar, año de gracia, que hemos vivido.

Tengamos un recuerdo agradecido por el Papa Francisco que ya goza de la vida eterna y nos introdujo en el mismo como peregrinos de esperanza desde el impulso de una iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Y agradezcamos también el regalo del nuevo Papa que Dios ha concedido a la Iglesia y al mundo, el Papa León XIV, que el Espíritu Santo lo siga bendiciendo con los dones que más necesita para esta misión tan desafiante para la que ha sido elegido contando siempre con la gracia e impulso del Espíritu.

Tengamos un recuerdo agradecido por el Papa Francisco que ya goza de la vida eterna y nos introdujo en el mismo como peregrinos de esperanza desde el impulso de una iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Y agradezcamos también el regalo del nuevo Papa que Dios ha concedido a la Iglesia y al mundo, el Papa León XIV, que el Espíritu Santo lo siga bendiciendo con los dones que más necesita para esta misión tan desafiante para la que ha sido elegido contando siempre con la gracia e impulso del Espíritu.

A Santa María, Madre de Dios, le encomendamos este nuevo año que comenzaremos en unos días para que como Ella hagamos lo que Jesús nos diga.

¡Feliz año, 2026! Lleno de Jesucristo. Él es nuestra paz y en Él confiamos.

Hna. M. del Milagro Camuñas Sánchez, Rad

 

DESCARGA DICOVAD ENERO 2026 EN PDF