
Ser líder en la verdad, en el bien y en el amor supone ser dialogante.
El diálogo crea y potencia nuestra fraternidad. Sabemos que, para ello, es necesario vivir algunas virtudes como la caridad, el respeto, la sinceridad, la libertad.
Hoy nos centramos en eL RESPETO
es una de las virtudes que facilitan el diálogo y, por lo tanto, potencia la fraternidad. Respeto, en primer lugar, valora la dignidad de cada persona porque “todos los hombres son iguales en dignidad y derechos, dada su filiación divina, raíz de la fraternidad universal” (J. M. Usera. Escritos pág 10).
Dignidad que debo reconocer, primero, en mi misma, para luego poder reconocerla en las demás personas, especialmente en quienes me rodean. Dignidad que se vive desde las cosas más sencillas. En el artículo 42 de nuestras constituciones encontramos: Mantenemos en nuestras casas un clima de silencio, como exigencia que favorece la intimidad con Dios, el respeto a las demás, el trabajo y el descanso.