ALEGRE

 

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Con este hermoso y significativo mensaje comenzaba el Papa Francisco la Carta “Alegraos” a los consagrados.

Todas estamos llamadas a ser líderes siendo testigos de la alegría y la esperanza.

Con el término alegría la Escritura expresa una multiplicidad de experiencias colectivas y personales, reconociendo el sentido de la presencia de Dios en la historia de Israel.

En los Salmos se encuentran un sinfín de expresiones que indican la alegría como fruto de la presencia bondadosa de Dios y su resonancia exultante, o bien como garantía de la gran promesa que se divisa en el horizonte futuro del pueblo.

La alegría es el don mesiánico por excelencia, como Jesús mismo promete: para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea colmada.

En San Pablo la alegría es fruto del Espíritu, nota típica y estable del Reino, que se refuerza también en la tribulación y en las pruebas. En la oración, en la caridad, en la incesante acción de gracias se encuentra el manantial de la alegría.

La alegría es una nota característica de nuestra espiritualidad, y por tanto, de nuestra Congregación, quien “encuentra en María un modelo de humildad, alegría...” y “nuestras Comunidades tienen como distintivo la caridad, la alegría…”

Nuestro Fundador, el Venerable Jerónimo Usera, nos la recomienda en algunos de sus escritos: “Os recomiendo una santa alegría: ésta acompaña siempre a las buenas conciencias…”. “La ociosidad y la tristeza deben ser desconocidas en este santo Instituto. Vivirán, pues, las hermanas ocupadas y alegres…”. “Amen mucho la humildad, haciendo con alegría y prontamente, las cosas más humildes”.